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Ya habían pasado casi tres décadas desde que los sectores más conservadores del patio nacional se habían puesto la última borrachera; invitados por su “gran hermano”, en la primera mitad de la década del ochenta, empresarios, políticos y militares, se embriagaron de odio y miedo, y aniquilaron casi dos centenares de hondureños para –según ellos- lograr la paz, conservar la naciente democracia y evitar que el comunismo nos capturara.
Hoy, la Alianza para el Progreso y Desarrollo de Honduras (APROH) y los del escuadrón 3-16, tiene otro nombre y otros rostros (aunque algunos han vuelto a sus andanzas y están siendo reclutados por los golpistas), pero buscan los mismos propósitos; hasta la fecha, la lista de victimas mortales apenas tiene una unidad, los desterrados muchos mas, pero el animo de los que tienen el poder es fuerte y encendido, y el deseo de continuar en el indecente festín es enorme.
En esta ocasión, no se cuenta con el apoyo explicito y evidente del gobierno estadounidense, quien, si esta detrás de muchas de las acciones golpistas –como en efecto parece-, tiene un discurso cínico y contradictorio, que enreda el conflicto y evita que los usurpadores del poder echen a andar la maquinaria sanguinaria de la era suazocordivista, pero les permite avanzar lentamente. Es –en apariencia- una manipulación subterránea, que no quiere dejar solos a sus peones antichavistas y alérgicos a las ideas de izquierda, pero tampoco quieren hacer añicos la naciente “reputación” del recién estrenado presidente Barack Obama.
Con el respaldo que si cuentan los bandidos que transgredieron la institucionalidad democrática del país, es con el de los empresarios que históricamente se han aprovechado de las canonjías y privilegios estatales; esos si le han apostado a la estrategia de aniquilación de todo esfuerzo de reforma y cambio de nuestro andamiaje gubernamental y del marco jurídico nacional; ahí están –firmes apoyando a los malhechores- los que se benefician de exoneraciones fiscales, contratos de suministro de bienes y servicios a las entidades de Gobierno, y los que mediante el fraude tributario y la evasión de tasas por servicios de energía eléctrica y otros, han construido emporios y acumulado cuantiosa fortuna. Ahí están, financiando campañas de terror, obligando a sus empleados a vestirse de blanco para celebrar un Golpe de Estado, recibir como héroes a los militares que violaron la Constitución y a los que ilegalmente se han instalado en el poder. Borrachos de odio y temor, le han apostado a “invertir” en un proyecto que ya les empezó a dar resultados positivos, pues el gobernante abusador les acaba de conceder el derecho de nombrar al Secretario de Industria y Comercio, y ellos –sin ningún tipo de pudor- colocaron en esa posición a quien se venia desempeñando como Director Ejecutivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP); es decir, el lobo cuidando a las ovejas!
Y si alguien le pone tétrica melodía a esta “chupa”, son los medios de comunicación, los que únicamente dan a conocer a la población una parte de la historia, ocultando los hechos verídicos y acomodando aquellos que podrían poner en peligro el lustre de los que por la vía de la fuerza conducen la nave del Estado; coludidos con los orquestadores de este crimen político, periódicos como La Prensa y el Heraldo, televisoras como Televicentro y Canal 10, empresas radiales como Emisoras Unidas y Radio Cadena Noticias, y websites noticiosos como Hondudiario y Proceso Digital, han mostrado a los hondureños y al mundo entero, una versión de los hechos que contrasta con la realidad; por esa razón, los corresponsales internacionales tienen una versión de las cosas que difiere radicalmente con los cuentos e historietas de nuestros periodistas. Sumado a eso, el régimen golpista amedrenta y amenaza a todos los comunicadores sociales independientes que osan relatar los acontecimientos con veracidad, o simple y sencillamente les “cortan” la señal o les impiden la distribución del material informativo.
Todas las condiciones se han dado para que se efectué una guerra de baja intensidad, una lucha clandestina que se realiza en la oscuridad de la noche, y que busca en condiciones arbitrarias, violar derechos y restringir libertades para lograr imponer una única verdad, y callar la voz de los inconformes. Las autoridades de facto fortalecen esta caravana de terror, con un discurso que sataniza cualquier iniciativa progresista e innovadora; la perorata fundamentalista de la Vicecanciller Martha Lorena Alvarado y la arenga anti izquierdista del Roberto Micheletti Bain, son ejemplos palpables de la embriaguez en la que se encuentran los recalcitrantes conservadores hondureños.
Resguardados por los fusiles de los efectivos de las Fuerzas Armadas y por los leales y obedientes operadores de justicia (fiscales y jueces), los golpistas continúan en su carnaval, extasiados como en los ochenta.
Pero estos beodos de poder, como consecuencia de su estado de estimulación, no se dan cuenta que la época de Reagan no es la de Obama, que estamos en el siglo XXI, y que la indiferencia internacional no aplica; que la era del correo aéreo no es la del e-mail, que no es fácil controlar el Facebook, Hi5 y los e-group y que la verdad fluye a la velocidad de la luz mostrando historias, fotografías y videos que muestran la verdad; se olvidan que el Pueblo esta en las calles protestando en contra de los autoritarios, aunque no aparezca en las portadas de los periódicos; que no le será tan fácil a Romeo Vásquez Velásquez esconder los cadáveres de los opositores como lo hizo Gustavo Álvarez Martínez, y que aquí la pachanga durara muy poco, menos de los esperado por ellos, y que la resaca será eterna.
Zambrano, MDC – 11 de julio de 2009
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